lunes, 18 de diciembre de 2006

Evaluaciones de mis alumnos

Comprendo que el maestro debe dar a conocer a los estudiantes sus impresiones sobre ellos y nada me parece menos adecuado que la usual calificación numérica que los profesores sacan como conejo de un sombrero de copa y que, en mi opinión, no tiene otro fin que dar seguridad a los directivos de las escuelas cuando hablan con los papás y les dicen “Fulanito no anda bien”.

Copio aquí, como una muestra de lo que podría hacer cada profesor en su clase, las evaluaciones que hice de algunos de los alumnos que tuve en tercero de secundaria.

Ramón Santiago

Tienes interés en conocer cosas nuevas como puede ser el método que yo proponía y ese interés, aunque en niños pequeños es natural, en muchos alumnos va desapareciendo a lo largo de la educación secundaria. Te felicito por haberlo conservado. Tienes una notable capacidad de concentración, pones atención durante la clase y comprendes a un buen nivel. Haberte tenido como alumno fue una experiencia agradable y te recordaré con mucho gusto.

Jerónimo

Por alguna causa que no conozco eres totalmente disfuncional en la clase de matemáticas que yo quería crear. No tienes el menor respeto por tus compañeros y tu hambre de atención resulta muy difícil de manejar. Me enterneces cuando noto que, al estar gritando en clase, buscas con el rabillo del ojo mi mirada en un acto que, según entiendo, es una súplica por ser considerado y tratado con respeto. Siento mucho que las limitaciones de tiempo y de espacio no nos hayan permitido platicar con entereza de lo que te pasa. Sé que eres profundamente infeliz en esta escuela y, créeme: constituyes uno de los cuestionamientos más severos hacia ese pacto suicida que firmamos los papás y los maestros en contra del desarrollo productivo pero sobre todo feliz de los alumnos.

Te recordaré con una dolorosa sensación de impotencia ante el maltrato al que está sujeto un chico.

Carlos Francisco

Te portaste conmigo como un chico estudioso, cosa que no es inusual en un alumno de Secundaria, y además curioso, haciendo preguntas que iban con frecuencia más allá de lo necesario para contestar la guía que tenías que entregar. Esta cualidad es mucho menos común, cosa que no es de sorprender considerando la carga de trabajo que tienen que desarrollar en clase y fuera de ella los alumnos de esta escuela.

Te recordaré con un gusto especial.

Joaquín

Tu labor de acompañar a Jerónimo que requiere de mucho cariño me parece muy linda y él te recordará más tarde como una de las pocas cosas buenas que encuentra en la escuela. Sin embargo, con una capacidad intelectual indudable, resultaste una de las grandes razones que me hicieron notificar a la escuela que no quería yo conservar el grupo de tercero. A ti te puedo hacer algunas preguntas que requieren de cierta reflexión. ¿Eres feliz? ¿Piensas que existe la posibilidad de que lo seas? ¿Crees que tienes el derecho serlo? ¿Pueden existir, para exigir de nosotros, tus profesores, el respeto a ese derecho tuyo, maneras más eficientes que las que has elegido?

José Luis

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

Andrés

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

Pascal

Te acercas mucho a Jerónimo, que necesita tener amigos, pero no noto en ti la actitud cariñosa hacia él que tienen otros compañeros; tal vez valdría la pena que reflexionaras al respecto porque tu relación con él puede ser mucho más productiva. Tu actitud desesperada constituye, sin duda, un cuestionamiento muy serio sobre el sentido de lo que hacemos, los adultos, en las escuelas secundarias. Quiero que sepas que creo que tienes razón: quienes tenemos una posición de autoridad debemos esmerarnos muchísimo, no porque los alumnos acumulen conocimientos, sino porque conozcan la felicidad de aprender. En eso estoy trabajando, amigo.

Te recordaré con una sensación de impotencia y de derrota.

Auguste Frederic

Fuiste conmigo un alumno a quien la clase interesó. Casi siempre que estabas hablando con tu vecino, se trataba del tema que estábamos estudiando. Llegabas poco a conclusiones porque te ibas al detalle en el camino; no dejes que nadie te diga que eso debe cambiar. Algunos adultos (pocos, por desgracia) pensamos que reflexionar es muchísimo más valioso que conseguir objetivos materiales y tú tienes una bellísima tendencia a la reflexión. Y recuerda: si alguien te descalifica por cualquiera de tus elecciones, como puede ser tu manera de vestir, quien tiene el poder eres tú: el poder de comprender que la otra parte no tiene opción y no puede ceder: tú sí la tienes porque puedes comprender.

Ana Paula

Para ti, mis disculpas pues tengo la seguridad que la clase de matemáticas que estuve dando estaba esencialmente dirigida a inteligencias masculinas. Eso te impidió, más que adquirir conocimientos (cosa que no me interesaba mucho que lograras), disfrutar con la actividad matemática. Estoy en la lucha por encontrar la manera de que tú, como otras mujeres, conozcan el placer del razonamiento. Mil gracias por la experiencia y, nuevamente, mis disculpas.

No logré establecer contigo una relación personal pero fuiste obediente en mi clase. Recuerda: no todos los adultos pensamos que la obediencia sea una virtud que se deba aplaudir en el alumno.

Te recordaré, más que como un fracaso, como una muestra de la urgencia que hay de encontrar una forma más femenina de acercarse a las matemáticas.

Mónica

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

Ignacio

Eres un muchacho valiente y la fuerza del grupo no te doblega. Habrás oído que tienes problemas de relación con tus compañeros; no te preocupes. Algunos grupos, a pesar de estar integrados por individuos valiosos, no merecen que nadie haga un esfuerzo por integrarse a ellos. Es el caso del de tercero de secundaria.

Eres empeñoso en las tareas que se te encargan pero tu empeño no es genuino, pienso yo: haces la cosas por cumplir y no porque te interesen. Créeme: eso tampoco vale la pena. Guarda tu fuerza de trabajo para ti mismo y para hacer las cosas que te hacen feliz. Te deseo mucha suerte en la vida y te recordaré con mucho gusto como alumno.

Gerardo

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

Edurne

Para ti, mis disculpas pues tengo la seguridad que la clase de matemáticas que estuve dando estaba esencialmente dirigida a inteligencias masculinas. Eso te impidió, más que adquirir conocimientos (cosa que no me interesaba mucho que lograras), disfrutar con la actividad matemática. Estoy en la lucha por encontrar la manera de que tú, como otras mujeres, conozcan el placer del razonamiento.

No logré establecer contigo una relación personal pero tengo la impresión de que te aburriste mucho en mis clases. Recuerda: algunos adultos (pocos, por desgracia) pensamos que nadie tiene derecho a tener a otra persona en una actividad que le parece tediosa y menos aún cuando se supone que la está llevando a su desarrollo intelectual y, en términos generales, a su desarrollo personal. Mil gracias por la experiencia y, nuevamente, mis disculpas.

Te recordaré, más que como un fracaso, como una muestra de la urgencia que hay de encontrar una forma más femenina de acercarse a las matemáticas.

Carlos

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

Susana

Me imagino que mi comentario te sorprenderá porque no es el aplauso incondicional que esperabas recibir. En tu calificación tienes 10 porque eso es lo que tú esperabas, porque tus compañeros pedían lo mismo y porque, a fin de cuentas a mí las calificaciones me parecen tan irrelevantes como incapaces de dar siquiera una borrosa impresión sobre el alumno. Lleno las listas de calificaciones como quien se forma en la Tesorería para pagar su recibo bimestral de agua: es una obligación que hay que cumplir. Ahora quiero, en cambio, hablarte de ti: entregaste las tareas, estaban bien, tomaste apuntes en clase que seguramente están muy guapos, contestaste preguntas mías y de tus compañeros, etc,, etc.

¿Fuiste feliz? ¿Disfrutaste al menos un momento la clase que yo daba? Si así fue, felicidades y mil gracias, pero lo dudo. La obligación está castrando tu personalidad y lleva ya un buen tramo del camino recorrido. Cuida de que no siga amputando tus capacidades y, si puedes, trata de recuperar tu propia personalidad. Si me permites una sugerencia, comienza un día por desobedecer por solo el placer de hacerlo.

Suerte, si te decides por ello y suerte también si ya no te resulta posible hacerlo.

Stefano

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

María Fernanda

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

Maryam

Te felicito profundamente por el empeño puesto para sacar el mejor provecho de una clase que tradicionalmente disgusta a las mujeres. No sé cuánto aprendiste y no me interesa tanto. La pregunta que te quiero hacer es totalmente distinta: ¿disfrutaste la clase?

Ernesto

Discúlpame: no asocio tu nombre con una cara específica en la clase.

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